
Con el tiempo aprendí que no existen ni los Reyes Magos, ni el Ratoncito Pérez. Que los finales no siempre son como los de los cuentos, felices comiendo perdices. Que la para de una mesa siempre acabará coja y que los helados siempre se derriten. Que una bombilla acabará fundiéndose, y una goma desgastándose. Que no hay mensaje sin botella. Que no hay perro sin gato. Que las personas que más felices se muestran son las que necesitan más apoyo. Que hay personas que no valen la pena, pero hay otras que llegan y te cambian la vida. te la cambian para siempre.
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