lunes, 25 de febrero de 2013

Hola cambios, adiós monotonía.

He estado demasiado tiempo sin dedicar un minuto a reflexionar un poco y preguntarme cómo están yendo las cosas. Me he limitado a vivir sin pensar, sin revisar decisiones, acciones ni sentimientos.
La necesidad de un drástico cambio en mi vida lleva bastante tiempo atormentando a mi fuerza de voluntad, pero lo cierto es que sí, ya va haciendo falta. Llevo varios meses siendo un poco egoísta, centrándome sólo en mí y en mi concepción de lo bueno y malo de cada persona, situación, o argumento. Podríamos estar hablando de rencor, injusticia, malas caras, odio, falso perdón, falsas sonrisas, falsos detalles...
La palabra "falso" aparece más de lo que me gustaría, detrás de todas esas cualidades que no debería desaprovechar. Analizar actitudes y que sólo salgan excusas, aunque poca excusa sale a la luz cuando hay poco que excuse tu comportamiento irracional.

Llegó la hora de echar rencores y personas fuera, si hoy no están ahí es porque así lo decidieron, y poco se puede hacer ante mentes aún más irracionales que la mía propia. Ya era hora que la paciencia se agotara, llevaba mucho tiempo en números rojos, racaneando esperanzas. Tocaba aceptar su fin y dejar de seguir alargando lo insalvable.

domingo, 17 de febrero de 2013

"Una vez leí que con 50 años habremos conocido a lo largo de nuestra vida a unas 20.000 personas. Haciendo una regla de tres, obtuve que una joven de 17 años habría conocido aproximadamente a 6.800 personas. Pongamos que la mitad de esas personas, es decir 3.400, son hombres y la otra mitad mujeres. Y supongamos que de esos 3.400, sólo 1/3 están dentro del margen de edad en el que se incluyen todas las personas con las que podríamos tener una relación. Es decir, descartamos 2/3, donde se encontrarían esas personas de las que nunca podríamos enamorarnos: familiares cercanos, ancianos, niños pequeños... Nos queda el siguiente número: 1.333,333... Pero redondeando pongamos unas 1.000. De todas esas personas, nos enamoraremos de una sola. Estamos hablando de una milésima parte, 0,001. Y, a su vez, esa persona se enamorará de una sola entre 1.000. De esta manera, la probabilidad de que la persona de la que uno se enamora sea precisamente la persona de la que se enamora el otro, es según cuentas matemáticas (1/1000) · (1/1000), una probabilidad entre un millón, 1/1.000.000. Así que, si se diera esa improbable situación de poder estar con la persona que quieres, si el destino ignorase las 99.999 opciones y convirtiera esa única probabilidad que había entre un millón, en un hecho, en una realidad, ¿qué sentido tendría no aprovecharla, qué más da lo que venga luego, que importa lo complicadas que sean las circunstancias? Si lo más difícil, lo que tenía una sola posibilidad entre un millón de ocurrir, ya ha ocurrido."