Porqué aveces lo único que necesitas es un simple abrazo, uno que te aprietan, te estrujan, te dejan casi sin respiración, pero que te hacen sentir que no existe el mundo, que el suelo está bajo tus pies y no tiene pensado irse. Yo soy partidaria de regalar más abrazos y menos "Hola, ¿que tal?". Llámame ilusa, o lo que te apetezca, pero es la realidad. A mi un abrazo me devuelve la vida, me hace sentir que ya no estoy perdida, que por mucho que no la vea siempre hay una salida. Y todas esas sensaciones encerradas en un contacto físico, que puede parecer la mayor de las gilipolleces que hayas escuchado en todo el día, pero que yo defiendo como una de las mayores verdades. ¿De que me sirve que me preguntes qué tal estoy? Si total, después harás como si no hubieras escuchado nada, lo preguntas por cordialidad esperando un simple "bien!" y así tenerte que ahorrar las palabras de consuelo, las palabras de preocupación, porque admítelo no te importa una mierda como me sienta, que haya hecho durante todo el día, si he cenado o no, si me he despertado tarde o he madrugado. Vamos, estamos en confianza, admítelo, no tengo pensado comerte ni tomar represalias. Es la verdad de nuestros días, la pasotividad. Y yo en muchos casos la primera, pero cuando me importa alguien, soy incapaz de saludarle con un "Hola, ¿que tal?" Porque me niego en redondo. Y una mierda. Yo saludo y voy al grano te cuento que es lo que me ronda por la cabeza y acto seguido te toca a ti, o al revés. Pero sobran las cordialidades inútiles que aparte de perder el tiempo no sirven para nada. Y como olvidar, las conversaciones que duran esto: -Hola. +Hola. -¿Que tal? +Bien, y tu? -Bien. Me alegro. +Yo también me alegro. *Desconectados*. Porque si no tienes nada más interesante que decirme no te molestes en saludarme, porque enserio, así das pena, más que de costumbre claro.
lunes, 21 de mayo de 2012
One thing.
Porqué aveces lo único que necesitas es un simple abrazo, uno que te aprietan, te estrujan, te dejan casi sin respiración, pero que te hacen sentir que no existe el mundo, que el suelo está bajo tus pies y no tiene pensado irse. Yo soy partidaria de regalar más abrazos y menos "Hola, ¿que tal?". Llámame ilusa, o lo que te apetezca, pero es la realidad. A mi un abrazo me devuelve la vida, me hace sentir que ya no estoy perdida, que por mucho que no la vea siempre hay una salida. Y todas esas sensaciones encerradas en un contacto físico, que puede parecer la mayor de las gilipolleces que hayas escuchado en todo el día, pero que yo defiendo como una de las mayores verdades. ¿De que me sirve que me preguntes qué tal estoy? Si total, después harás como si no hubieras escuchado nada, lo preguntas por cordialidad esperando un simple "bien!" y así tenerte que ahorrar las palabras de consuelo, las palabras de preocupación, porque admítelo no te importa una mierda como me sienta, que haya hecho durante todo el día, si he cenado o no, si me he despertado tarde o he madrugado. Vamos, estamos en confianza, admítelo, no tengo pensado comerte ni tomar represalias. Es la verdad de nuestros días, la pasotividad. Y yo en muchos casos la primera, pero cuando me importa alguien, soy incapaz de saludarle con un "Hola, ¿que tal?" Porque me niego en redondo. Y una mierda. Yo saludo y voy al grano te cuento que es lo que me ronda por la cabeza y acto seguido te toca a ti, o al revés. Pero sobran las cordialidades inútiles que aparte de perder el tiempo no sirven para nada. Y como olvidar, las conversaciones que duran esto: -Hola. +Hola. -¿Que tal? +Bien, y tu? -Bien. Me alegro. +Yo también me alegro. *Desconectados*. Porque si no tienes nada más interesante que decirme no te molestes en saludarme, porque enserio, así das pena, más que de costumbre claro.
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