lunes, 10 de septiembre de 2012
No queremos más que nadie para que no corra ni el aire entre tú y yo.
Quieto parao, no te arrimes, ya son demasiados abriles para tu amanecer desbocao, mejor que me olvides. Yo me quedo aquí a tender mi pena al sol, en la cuerda de tender desolación. Luego empezaré a coser te quieros en un papel y a barrer el querer con los pelos de un pincel. Y en cuanto acabó, de zurzir las heridas de las noche mal dormidas llegué yo, y le llené de flores el jergón para los dos, sin espinas de colores que se ríen de cuando llora y cuando no, las sulfatamos con nuestro sudor. Y me confesó, cuando quieras arrancamos que la línea de la mano lo leyó. Como te retumba el pecho, tranqui, sólo es mi maltrecho corazón, que se encabrita cuando oye tu voz, el muy cabrón.
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