sábado, 13 de julio de 2013
Es el síndrome del campamento de verano..
Te vas de campamento, te lo pasas de puta madre, el mejor verano de tu vida y te tiras todo el año pensando en el próximo campamento, en volver a repetirlo pero mejor, y entonces llega... Y todo ha cambiado, monitores, los chicos, tus amigos están raros, tú no eres la misma de siempre.. Y entonces caes, los mejores años fueron esos, los mejores, y nunca se volverán a repetir.
viernes, 12 de julio de 2013
domingo, 17 de marzo de 2013
La lluvia golpeando los cristales. Tumbarse en el suelo para sentir el frío e intentar no pensar en otra cosa. Omitir cualquier recuerdo que pueda hacerte llorar. Respirar profundo y concentrarse en las respiraciones. Mirar al techo. Cerrar los ojos. Echar de menos. Sí, eso es. Te echo de menos, te echo de menos desde que te fuiste, echo de menos que me hagas reír y que sustituyas al resto del mundo haciendo que me olvide de todo, echo de menos mirarte a los ojos y pensar cómo te pude coger tanto cariño en tan poco tiempo. Echo de menos incluso lo que no existió. Sólo necesitaba un abrazo, un abrazo que dijera "tranquila, que estoy aquí", un abrazo que acabara con todo.
sábado, 16 de marzo de 2013
Aprendí que los peces nadan, que las aves vuelan. Que los políticos mienten, que la Tierra es redonda. Que la gente es falsa, que todo el mundo tiene dos caras. Aprendí que dos y dos son cuatro, que no hay que dar más de lo que se recibe. Que no hay que ilusionarse demasiado. Que la vida es un regalo. Me enseñaron que el futuro no está escrito, que el universo es infinito y que nosotros somos personas diminutas, casi inexistentes. Aprendí a no creer en las promesas, a confiar en casi nadie y a contar con los dedos de una mano a quien de verdad siempre estuvo a mi lado.
lunes, 25 de febrero de 2013
Hola cambios, adiós monotonía.
He estado demasiado tiempo sin dedicar un minuto a reflexionar un poco y preguntarme cómo están yendo las cosas. Me he limitado a vivir sin pensar, sin revisar decisiones, acciones ni sentimientos.
La necesidad de un drástico cambio en mi vida lleva bastante tiempo atormentando a mi fuerza de voluntad, pero lo cierto es que sí, ya va haciendo falta. Llevo varios meses siendo un poco egoísta, centrándome sólo en mí y en mi concepción de lo bueno y malo de cada persona, situación, o argumento. Podríamos estar hablando de rencor, injusticia, malas caras, odio, falso perdón, falsas sonrisas, falsos detalles...
La palabra "falso" aparece más de lo que me gustaría, detrás de todas esas cualidades que no debería desaprovechar. Analizar actitudes y que sólo salgan excusas, aunque poca excusa sale a la luz cuando hay poco que excuse tu comportamiento irracional.
Llegó la hora de echar rencores y personas fuera, si hoy no están ahí es porque así lo decidieron, y poco se puede hacer ante mentes aún más irracionales que la mía propia. Ya era hora que la paciencia se agotara, llevaba mucho tiempo en números rojos, racaneando esperanzas. Tocaba aceptar su fin y dejar de seguir alargando lo insalvable.
La palabra "falso" aparece más de lo que me gustaría, detrás de todas esas cualidades que no debería desaprovechar. Analizar actitudes y que sólo salgan excusas, aunque poca excusa sale a la luz cuando hay poco que excuse tu comportamiento irracional.
Llegó la hora de echar rencores y personas fuera, si hoy no están ahí es porque así lo decidieron, y poco se puede hacer ante mentes aún más irracionales que la mía propia. Ya era hora que la paciencia se agotara, llevaba mucho tiempo en números rojos, racaneando esperanzas. Tocaba aceptar su fin y dejar de seguir alargando lo insalvable.
domingo, 17 de febrero de 2013
"Una vez leí que con 50 años habremos conocido a lo largo de nuestra vida a unas 20.000 personas. Haciendo una regla de tres, obtuve que una joven de 17 años habría conocido aproximadamente a 6.800 personas. Pongamos que la mitad de esas personas, es decir 3.400, son hombres y la otra mitad mujeres. Y supongamos que de esos 3.400, sólo 1/3 están dentro del margen de edad en el que se incluyen todas las personas con las que podríamos tener una relación. Es decir, descartamos 2/3, donde se encontrarían esas personas de las que nunca podríamos enamorarnos: familiares cercanos, ancianos, niños pequeños... Nos queda el siguiente número: 1.333,333... Pero redondeando pongamos unas 1.000. De todas esas personas, nos enamoraremos de una sola. Estamos hablando de una milésima parte, 0,001. Y, a su vez, esa persona se enamorará de una sola entre 1.000. De esta manera, la probabilidad de que la persona de la que uno se enamora sea precisamente la persona de la que se enamora el otro, es según cuentas matemáticas (1/1000) · (1/1000), una probabilidad entre un millón, 1/1.000.000. Así que, si se diera esa improbable situación de poder estar con la persona que quieres, si el destino ignorase las 99.999 opciones y convirtiera esa única probabilidad que había entre un millón, en un hecho, en una realidad, ¿qué sentido tendría no aprovecharla, qué más da lo que venga luego, que importa lo complicadas que sean las circunstancias? Si lo más difícil, lo que tenía una sola posibilidad entre un millón de ocurrir, ya ha ocurrido."
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)